Lolita Torres, genio y figura

Un sitio para recordarla


Con la firme intención de enmendar el olvido y el vacío en el que semejante artista se ve sumergida, y rescatando esta maravillosa "perla negra" de entre la simple bijouterie, damos comienzo a este blog para su homenaje permanente e indeclinable.


Continuará.....


domingo, 11 de abril de 2010








Su primer protagónico en el cine:
"Ritmo, sal y pimienta", junto a Ricardo Passano.
1951

De gira










Lolita en una gira por diferentes países de América.
En esta foto la vemos en México, en 1947.
Toda su gracia, toda su personalidad, de manifiesto sobre cada uno de los escenarios que pisó.

Lolita rubia


Una imagen pocas veces vista, o quizás ninguna, de 1944.
Apenas 14 años de edad, luciendo un maquillaje y un peinado que le aportaban algunos años más.
Lindísima.
Diferente.
Expresiva.
Simplemente Lolita...

lunes, 5 de abril de 2010

ESPIANDO LAS PELÍCULAS II

¿Qué me hacés Julito????


¿Alguien se habrá preguntado esto? Lolita misma, ¿se lo habrá preguntado?
“La Maestra Enamorada”(1960) no es de mis “imprescindibles” pero le tengo cariño porque fue la primera película que vi en mi vida en un cine. Y la primera vez que vi a Lolita en colores. Dejando este detalle aparte me parece que es una película básicamente para ver y escuchar a Lolita. Justamente dentro de ese contexto contemplativo me di cuenta de algo, de una situación “de arrastre”, de una censura encubierta ( ¿inadvertidamente encubierta?) : en ese ambiente que ya se perfila sesentista por la moda, el decorado del salón y una atmósfera muy de la época asistimos a una escena que ya comienza con un mal presagio: apenas empienzan los acordes de Molinos de Viento en versión “boite” (para no desentonar con la época), una escena interfiere en la secuencia que tenemos en puerta, unos señores comensales se sientan a la mesa y aparentemente todo no va a quedar ahí.

“Molinos de Viento” fue presentada como “opereta española” y estrenada en 1910; su autor, Pablo Luna como otros de la época denominaron estas obras bajo el nombre de opereta en parte porque no se desarrollaban en España, Molinos de Viento está ambientada en Holanda, y por otro lado para “despegarse” de las posibles conexiones de la zarzuela con el género revisteril, de hecho en 1910 se estrena también “La Corte de Faraón” de Vicente Lleó que aun ahora, cien años después se sigue representando y sigue resultando magnífica en su género. El pasaje de “Yo he pasado la vida en un sueño” aparece en la “opereta” en el dúo de Margot y Romo. En medio de un equívoco Margot lee esta carta de amor. La melodía inspiradísima se repite hasta terminar la opereta en diferentes circunstancias. Es decir no es estrictamente una romanza o un aria sino un pasaje que actúa como leit motiv. Lolita incluye esta versión “romanza” de “Yo he pasado…..” en dos películas, la primera en “La Maestra Enamorada” con este estilo intimista y la segunda en “Ola Eterna” (de Ritmo Nuevo y Vieja Ola en 1965), con un formato más tradicional.
Ambas versiones son magníficas. Lolita, como es habitual, se pone al servicio de la obra y no solamente aprovecha íntegramente cada nota y cada palabra de, en este caso, los talentosísimos Frutos y Luna sino que también la potencia con su arte logrando dos versiones exquisitas. La única que fue editada en versión de estudio fue la de la banda de sonido de Ola Eterna con la Orquesta de Tito Ribero y que lleva unos 40 años fuera de catálogo pero que espero, fervientemente, nuestros amigos lectores puedan acceder a ella a través del blog. Es oportuno agregar que anteriormente ya había grabado, también de “Molinos de Viento”, la serenata del barítono “Qué tienes en la mirada”, así como otras romanzas de diversas zarzuelas que continuó cantando a lo largo de su carrera.

En “Ola Eterna” Lolita está espléndida, bellísima, es el centro de la escena que se desarrolla en un gran salón y ante los ojos de todos canta esta romanza con propósito seductor y con evidente intención de homenajear al “agraviado galán” quien en esta ocasión era Jorge Salcedo, un verdadero galán maduro.
Todo es muy diferente en “La Maestra Enamorada”, María Elena (la maestra) se encuentra con el Ingeniero Ledesma en ese salón del hotel y la escena está centralizada, o por lo menos debería estarlo, en ellos. Alejandro Rey era tan joven como Lolita y un verdadero morocho argentino muy buenmozo que sinceramente“le quedaba muy bien” a nuestra homenajeada permanente. La escena es entre dos jóvenes que están seduciéndose, sorprendiéndose y enamorándose. El arreglo musical de “Yo he pasado….” conserva el espíritu de la obra y se adapta al estilo de música de salón de los 60’. Lolita ya es una mujer de 30 años, muy atractiva y su gestualidad tanto en su canto como en lo corporal es delicadamente sensual, el acercamiento progresivo y la intimidad de la pareja bailando va construyendo el clima ideal para la revelación del amor…. Todo es sutilmente erótico salvo (o hasta) que los comensales que nos sorprendieron al inicio de la secuencia interfieren visualmente para jugar un “gag” mientras se escucha a Lolita en su canto de amor. ¿Puede haber algún motivo estético o narrativo que justifique semejante golpe bajo? ¿Podrá ser que la antigua restricción contractual de la época de don Pedro haya llegado a tanto? Julio Saraceni, consciente o inconscientemente percibió que esta escena era un crescendo que se iba escapando de la manos y que sólo boicoteándola, podía obviar no llevarla “ a mayores”. Un beso, un tarascón, algo. “Magistralmente” la inclusión del gag corta el peligroso clima transgresor.

De todas maneras, entre ambas “Yo he pasado la vida en un sueño” me sigo quedando con esta versión, la que Julito nos dejó.


miércoles, 10 de marzo de 2010

ESPIANDO LAS PELÍCULAS I



Sinceramente mis películas "imprescindibles" de Lolita, las que tan sólo oyéndolas me resucitarían, son las filmadas entre el 51 y el 56, nueve películas. Las que coinciden con los últimos coletazos de la otrora floreciente industria cinematográfica que, para entonces, estaba en franca declinación. Estas películas también son las últimas en conservar aquel "modelo de representación" tradicional: sentimental, optimista. Unívoco. Las frecuentemente denostadas por la crítica comedias burguesas o de teléfono blanco encontraban en las películas de Lolita algunas de sus últimas expresiones. Últimas y fieles expresiones. La movilidad social, las mansiones, los ricos que abrían su corazón y sus familias a los pobres, sin ningún prejuicio de clase, mostrándose tan parecidos los unos y los otros, la ausencia de conflicto político. Nuestra adorable heroína a veces era muy pobre y otras muy rica pasando de una condición a la otra casi sin darse cuenta y sin esto representar un objetivo en sí. Estos rasgos fueron más puestos en evidencia por los sociólogos que por la crítica cinematográfica que a duras penas le concede a este tipo de cine comercial y de entretenimiento alguna mención.
Aquella primera mitad de la década del 50 tuvo características por momentos trágicas en la sociedad argentina, si asociamos el estreno en el 55 de "Más Pobre que una Laucha" y "Un Novio para Laura" al ambiente socio político que reinaba comprenderemos la función de este tipo de cine. Y este formato no era sólo para Lolita: en el 55 se estrena "Requiebro" que fue la presentación en Argentina de Carmen Sevilla con un elenco tan efectivo como los de las películas que nos ocupan: Ángel Magaña, Amalia Sánchez Ariño, el mismísimo Luis Dávila.... También mansiones, estancias, canciones españolas, españoles y una chica encantadora que, en este caso, era Carmen Sevilla. Obviamente Carmen Sevilla NO es Lolita y además nuestra homenajeada permanente es una chica "argentina" que también canta canciones "argentinas".

Jugando un poco con los datos de alguna bibliografía, encuentro que se señala al año 56 como de parálisis de la industris cinematográfica resultado de la interrupción del proteccionismo estatal y malas políticas en su producción y comercialización, además de marcarlo como un año de quiebre y pérdida absoluta de ese modelo de representación que será reemplazado en la cinematografía nacional por otro en que la visión del mundo es el conflicto y la oscuridad. Justamente en esta "recta final", en esta última bocanada de aire para la comedia burguesa, nos encontramos con una escena que sería a mi juicio la quintaesencia de ese modelo sentimental unívoco y transparente en el que triunfa indefectiblemente el amor: el leit motiv de "Amor a Primera Vista" es "Soy Feliz", tema que hace su aparición en el momento previo al frustrado casamiento cuando Mario se entera que su Matilde no es la verdadera; es una suerte de estado de ensoñación con una ambientación de cierta tendencia kitsch que remitiría a la decoración de las tortas de bodas de varios pisos de la época, con columnas y parejas de muñecos "novios" bailando el vals. Es la "aparente" culminación del amor y sinceramente el vals irradia felicidad. El tema se repite con otro "tempo" en diferentes situaciones hasta el final, en el que sí el amor y el romanticismo, dicho por boca de la protagonista, llegan al clímax y a su realización convirtiéndose en un vals nupcial. Considerando que este tipo de temática y formato estaban en inminente extinción la despedida no pudo ser mejor, esta película es su epítome y un verdadero banquete.

domingo, 7 de marzo de 2010

El amor... en la vida y en el cine.

¡Luz, cámara, acción! fue lo primero que pensó Enrique Carreras cuando la vio actuando en Goyescas. Esa era “la” chica que buscaba para su película e impulsado por el buen olfato la contrató inmediatamente. Para Lolita era su primer protagónico y, tras veintiocho semanas en cartel, “Ritmo, sal y pimienta” se constituyó en el primer peldaño de una serie exitosa de títulos. Luego de los primeros filmes con los hermanos Carreras se inició el ciclo para Argentina Sono Film con sus películas más recordadas: La mejor del colegio, Más pobre que una laucha, La edad del amor, Un novio para Laura, Amor a primera vista, Novia para dos… ¡Títulos de colección!
En cada uno de ellos podía descubrirse a una Lolita cada vez más eficaz, más precisa como comediante, radiante como mujer, segura, graciosa, convincente. Una artista plena que no cesaba de crecer. El público llenaba las salas durante semanas, y seguramente fue que… ¡Lolita rompió con el molde!
Ya había suficientes mujeres inalcanzables bajando por fastuosas escaleras, envueltas en vestidos largos y lujosos, con expresiones seductoras y voces susurrantes… y no es que estuviera mal eso, todo lo contrario… pero ya era hora de ver reflejada en la pantalla grande a la chica común, al menos en cuanto a modos y costumbres. Más allá de que su personaje perteneciera a un hogar humilde o a la alta sociedad, lo cierto es que Lolita reflejó a un tipo de chica con el que las jóvenes del momento gustaban identificarse. Se parecía más a la que todas eran o a la que querían ser. Sus personajes podían ser de origen modesto o adinerado, cometer travesuras o embarcarse en aventuras increíbles, enamorarse del profesor o del muchacho de barrio, del hijo del jefe o del cantante de moda… o de quien cualquiera se podía enamorar. Pero es que además la chica cantaba ¡Y cómo cantaba! ¿Entonces, qué más se podía pedir? Tal vez se había encontrado una nueva fórmula para el éxito que a su personalidad le caía redondita.
Junto al triunfo en el cine, explotó el boom de la radio, la grabación de discos para el sello Odeón y la fama inesperada y descomunal en la ex Unión Soviética. Todo ello sumado no hizo otra cosa que vigorizar la plataforma en que su celebridad se apoyaba y proyectaba firme y “en crescendo”. Su cara de chica buena, dulce y simpática, adorada por muchos, asomaba con frecuencia desde las tapas de las revistas de moda.
También en teatro había sumado un nuevo éxito: “Ladroncito de mi alma”, comedia musical que protagonizó con Juan Carlos Mareco, con la que agotaban las localidades cada noche, hasta que la muerte de Evita Perón acabó con los deseos de la gente de asistir a los espectáculos públicos.
En 1955 conoció a Santiago Rodolfo Burastero, ingeniero agrónomo, de quien se enamoró y con quien contrajo enlace en julio de 1957. Tras un largo viaje de bodas, anunciaron la llegada del primer hijo, Santiago, que nacería en abril de 1958.
Tras un paréntesis en su actividad artística, producto de su embarazo y maternidad, aceptó participar del Festival de Cine de Mar del Plata. El matrimonio Burastero se dirigía en auto hacia la costa argentina, cuando Santiago perdió el control del vehículo produciéndose un accidente que sería fatal. Lolita se llevaría del hecho fracturas y golpes pero, días más tarde y tras varios intentos médicos por salvarlo, su esposo perdía la vida en el hospital marplatense.
Fue, lamentablemente, la única historia de amor que no pudo terminar de filmar.



"Martirio de amor", canción de la película Ritmo, sal y pimienta.

jueves, 18 de febrero de 2010

El caramelero de El Tronío...

Si hay algo que me hubiera gustado conocer, fue la época en que Lolita cantaba en un colmao siendo apenas una criatura. No me hubiera importado nada nacer veinte o treinta años antes con tal de haber vivido aquella etapa, en los años cuarenta. Lo mismo lo de la radio…me habría encantado formar parte de aquella “batahola” que se armaba en Radio Belgrano, año tras año, cuando Lolita cantaba en su auditorio, junto a la orquesta de Ramón Zarzoso y con público presente. Seguramente que yo también habría sido una más de los que, a fuerza de codazos y empujones, conseguían la preciada entrada sin la cual era imposible entrar. Y es que así eran las cosas por entonces. Las presentaciones de Lolita comenzaron tímidamente en 1942 en Radio El Mundo y se prolongaron durante nueve años. En 1951 pasó a Radio Belgrano y fue para entonces, cuando ya gozaba de una sólida fama, que sus actuaciones concitaban a un público tan numeroso que excedía la capacidad del auditorio y se dispersaba por los pasillos de la emisora y oficinas. Y aquellos que no conseguían entrar, permanecían en la calle conformándose al menos con verla salir. Pero todo eso fue después.
El debut de Lolita Torres en los escenarios porteños se produjo el 2 de Mayo de 1942, en el Teatro Avenida, incorporándose al elenco “Maravillas de España”. Tenía tan sólo 12 años de edad. Su actuación, promisoria desde el inicio, no duró mucho más de quince días ya que la figura que encabezaba la compañía, Pepita Llaser, al ver como una nena hasta entonces desconocida le robaba protagonismo día tras día, exigió que se le rescindiera el contrato inmediatamente. A la nena, por supuesto.
Sin embargo, nada iba a detener un destino que estaba signado de antemano. Lolita fue contratada por el director de Radio El Mundo y también por el dueño de un colmao que abriría sus puertas en breve: El Tronío.
Fue en esa sala donde conocería el sabor del primer éxito, al ponerle voz y gracia a “El caramelero”, un pregón que el músico Francisco Marrodán compuso especialmente para ella. Ya comenzaría a hablarse de “la chica que canta El caramelero en El Tronío”. Fue en esa sala donde la vieron el director Bayón Herrera y el actor Luis Sandrini, y la contrataron inmediatamente para la que sería su primera aparición en el cine: “La danza de la fortuna”, junto a Olinda Bozán y Luis Sandrini, en 1944.
Más tarde, fue figura de Goyescas, sala de música internacional. Participó también de la comedia musical “Zazá”, y tendrían lugar sus primeras giras artísticas por Uruguay, Chile, Brasil, Cuba y México.
En aquellos años cuarenta, y quizás sea esto lo menos conocido de su trayectoria, Lolita participó con sus cuadros musicales en teatro de revistas, sobre los escenarios de los Teatros Casino y Comedia.
Después vendría todo lo demás: el éxito en el cine con su contundente espaldarazo, la locura de Radio Belgrano, la descomunal fiebre “Lolitista” en todas las naciones de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, su casamiento, el primer hijo, la viudez.
A veces pienso en las diferencias que existen entre unas épocas y otras. Antes, para triunfar, había que tener talento. Todo era a pulmón, suma de ángel y esfuerzo. Hoy, las cosas son distintas, se puede cantar no tan bien… siempre habrá en el estudio de grabación un software que permita mejorar una voz o corregir una afinación defectuosa. Antes algo así era impensado. Lolita cantaba bien porque le sobraba talento y fue por eso que pudo cantar casi todo aquello que le dio la gana. Si a su talento natural hubiera podido sumarle en los años de esplendor toda la tecnología de la que disponen hoy los cantantes, supongo que su estrella hubiera sido absolutamente inalcanzable y la magnitud de su fama, incalculable.



Presentación de Lolita en el programa "Hola Susana", mayo de 1992